Tulasi Rodríguez y Luis Gómez, dos de los muchos viajeros del metro que viven en el sur de Los Ángeles, viven preocupados por su seguridad ya que dependen del transporte público.
Para Tulasi Rodríguez y su novio, Luis Gómez, el sistema de transporte de Metro es la única manera que tienen de ir y venir al trabajo.
El día comienza temprano para ambos, en el sur de Los Ángeles. Una cámara de Telemundo 52 siguió a Rodríguez en su trayecto al trabajo para ver lo que experimenta un pasajero en una unidad de transporte público.
La pareja cuenta que están intentando ahorrar dinero para un carro pero que con el alto costo de vida en Los Ángeles, no ha sido fácil.

La jornada de Gómez comienza mucho antes que la de su novia ya que su trabajo en el área de la construcción lo lleva por distintas rutas de autobuses y trenes.
Mientras tanto, Rodríguez se dirige a la parada del autobús del Metro en la intersección de la calle 42 y la avenida Vermont, alrededor de las 8:30
Es el mismo camino de todos los días, pero una sensación de miedo siempre persiste en su mente.
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“Está la puerta cerca entonces me gusta sentarme aquí por si algo pasa”, dice mientras señala la salida desde su asiento.
En este día, este primer autobús va tranquilo, con pocas personas a bordo. El viaje dura aproximadamente una hora, dejándola cerca de la avenida Vermont y la autopista 105.
Luego se sube a un autobús de la ciudad de Gardena, que la lleva hacia su trabajo como empacadora de maquillaje en Lomita. En este autobús viajan principalmente mujeres con niños y estudiantes.
“En la mañana muchos padres van a dejar a sus hijos y queremos un lugar sano y salvo para ellos para que se sientan bien yendo a la escuela”, señala Rodríguez.

Pero también ha visto a otro tipo de personas.
“Uno se sube al bus y encuentra personas que se suben ofreciendo drogas. [Dicen] ‘estoy vendiendo esto’, como si fuera cualquier otra cosa”.
Esa ruta dura unos 40 minutos y llega alrededor de las 10:15 a.m. Sale del autobús cerca de su trabajo con alivio.
“Esta mañana fue una mañana buena porque gracias a Dios llegué a tiempo.”
Rodríguez trabaja de lunes a viernes, desde las 11 a.m a las 5 p.m.
Tras salir del trabajo llama a su novio mientras camina hacia la parada del autobús, siempre alerta a sus alrededores.

“Aunque ya salí todavía no acabo, todavía no he llegado a casa”, cuenta la trabajadora. “Todavía tengo un poquito de tensión porque cualquier cosa puede pasar de aquí a la casa. Especialmente después del trabajo, si se encuentra uno con más gente el bus, se llena más”.
Rodríguez toma el bus de Gardena para encontrarse con su novio en la siguiente parada. Ambos platican sobre su día mientras esperan el bus del Metro.
“La verdad si me da miedo que ella ande sola por eso yo la vengo a encontrar. Si una persona quiere a una persona, llega hasta donde va”, dice Luis Gómez.
El viaje de regreso a casa es caótico. En el autobús van familias y personas que regresan del trabajo. Como es un bus de la Línea Rápida de Metro, el viaje se acorta a unos 45 minutos. Pero, aun así, el viaje de regreso a casa dura casi tres horas, el doble de tiempo que aRodríguez llevó llegar al trabajo en Lomita.
Al bajarse del autobús, la pareja habla sobre sus inquietudes por la seguridad del metro y lo que les gustaría ver.

“Policías, yo creo que eso sería más que suficiente. Pero también podría ser como los Metro ambassadors”.
A esas horas, para la pareja, llegar a casa sanos y salvos después de un día laboral de casi 12 horas es lo único que importa.
Rodríguez dice que el tiempo de camino es distinto todos los días y por eso siempre se asegura de darse tiempo extra. Así que en total, ese día fueron casi 4 horas y media en el autobús para un viaje de ida y vuelta de 40 millas.
Es importante señalar que no se observó a ningún oficial de seguridad durante todo viaje en que Telemundo 52 acompañó a Tulasi Rodríguez.