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Aferrados al sueño de una mejor vida

Tres familias migrantes cuentan su historias sobre cómo lograron establecerse en este  país.

Dos hermanos de Guatemala no pueden olvidar la pesadilla que vivieron durante su travesía por tierra para llegar a Estados Unidos, donde los esperaba su madre.

Sin embargo, esa decisión también significó dejar atrás a un ser muy querido.

"Mucho lloraba, extrañaba a mi abuelita", cuenta Karen Lima Hernández, de 11 años, sin poder contener las lágrimas.

Karen y su hermano Eralí se convirtieron en migrantes que caminaron sin detenerse con el fin de llegar a la tierra donde los esperaba su madre. La niña de 11 años se vio obligada a convertirse en adulta para proteger a su hermanito.

“Tenía que darle de comer y enseñarle cómo despertar”, recuerda Karen, quien lloraba de miedo en los albergues mientras su hermanito dormía. Sabía que estaban solos.

La madre de los niños, Lilian Hernández, sabía que era un riesgo enorme, pero señala que su madre ya no podía cuidarlos, allá en su país.

“Mi mamá se enfermaba, mis hijos faltaban frecuente a la escuela”, dice Hernández. “En mi país, económicamente, estamos un poco mal".

A pesar de que les habían dicho que las leyes habían cambiado con la nueva administración presidencial, la familia logró reunirse. Consiguieron una visa humanitaria y su madre contrató una abogada, quien los ayudó a presentar el caso para obtener la residencia permanente.

Una desventaja lo ayudó a lograr el sueño americano 

Eduardo Ixmtmata Coquij es un inmigrante que forma parte de la comunidad Maya de Guatemala. Durante sus primeros años de vida solo se comunicaba en su idioma materno, el quiché.  

Tanto para su familia como su comunidad, interactuar en quiché era algo natural, por ser la lengua más utilizada en Guatemala, después del español.

Sin embargo, al crecer se dio cuenta que la falta de dominio del español traería obstáculos a su vida. Fue entonces cuando comenzó a estudiarlo. 

“Yo empecé con el español hasta los 10 años, ahí empecé, pero no era tan bueno", recuerda el joven. 

Sus compañeros de escuela no lo trataban con igualdad por su dificultad al hablar español. Ese hostigamiento, junto con la violencia en su país, lo motivó a salir de Guatemala en busca de una vida mejor. 

“Me vine porque allá hay mucha violencia y la pobreza”, cuenta Ixmtmata Coquij. “No es para ofender a mi país. Me vine porque no hay oportunidades para trabajar".

Aunque su origen maya le causaba problemas en su país, nunca se imaginó que este detalle le ayudaría en Estados Unidos, al pedir asilo político

El joven siente que está viviendo un sueño, ya que nunca imaginó que obtendría la oportunidad de permanecer en Estados Unidos de manera legal.

Ahora, además de hablar quiche y español, Ixmtmata Coquij ya se encuentra en un nivel avanzado con el estudio del inglés.  

Una nueva vida tras sufrir de violencia doméstica

Olivia Pichardo llegó con sus hijos desde México para encontrarse con su esposo, quien se había venido antes a Estados Unidos. Sin embargo, la situación no resultó como ella imaginó. 

Pichardo cuenta que su esposo cambió cuando se quedó sin empleo, dejando sin sustento a la familia. Poco después comenzó el maltrato verbal, seguido del físico. 

La mujer asegura que todos la señalaban por denunciar a su esposo a la policía. Eso la hizo creer que ella era la culpable de la situación y no su esposo. 

Pero, aunque no tenía documentos legales, ella decidió hacer algo para defender a sus hijos. Tomó la decisión de comenzar una vida sola, con sus pequeños, y solicitar la visa U.

Ahora, ella y sus hijos son residentes legales.  

El gobierno de Estados Unidos anualmente otorga aproximadamente 10 mil visas u para aquellas personas que han sido víctimas de violencia. Esto les permite permanecer legalmente en Estados Unidos y obtener un permiso de trabajo y, a la larga, obtener la residencia legal. 

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