Inmigración: Obama no da marcha atrás

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    WASHINGTON – Con abrumadoras victorias que superaron sus grandes expectativas, el Partido Republicano asestó a los demócratas y al presidente, Barack Obama, la derrota electoral más devastadora de su presidencia. El premio es el control del Congreso, y con él, el poder de cambiar la dirección del gobierno de Estados Unidos los dos próximos años.

    Según fuentes de la administración del presidente Obama, el mandatario no piensa abandonar sus planes de que se apruebe una reforma migratoria aunque ahora enfrenta una oposición republicana decidida.

    Video: Inmigración: Obama no da marcha atrás

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    (Publicado miércoles 5 de noviembre de 2014)

    En octubre la Casa Blanca dijo que pretendía tomar medidas ejecutivas sobre la inmigración antes de que se acabe el año. Pero estas medidas podrían verse limitadas debido a la mayoría republicana en el Congreso que en su mayoría se ha mostrado en contra de una propuesta que ofrezca un camino hacia la ciudadanía para los más de 11 inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

    “Es posible que el presidente tenga que sortear cosas como una reforma migratoria porque va ver una mayor restricción. O de ser aprobada será con un alcance mucho más limitado de lo que era el proyecto que aprobó el Senado en el 2013”, dijo el politólogo en Denver, Jesus Sanchez-Melean.

    [Relacionado: Se agita el debate por la reforma migratoria]

    El Senado aprobó la medida en una votación bipartidista en junio de 2013, pero la Cámara de Representantes de mayoría republicana no ha autorizado ninguna medida de envergadura a pesar de las promesas de los líderes del Partido Republicano de que iban a abordar la cuestión. El tiempo se agota para el proyecto de ley aprobado por el Senado, sin ninguna señal de que la cámara baja planee someterla a votación tras las elecciones.

    La semana pasada tres senadores republicanos responsables de la propuesta de reforma migratoria que está estancada en el Congreso pidieron a Obama abstenerse de usar sus poderes ejecutivos para evitar que millones de personas sean deportadas.

    "Actuar por orden ejecutiva sobre un tema de esta magnitud sería la acción más divisiva que usted podría tomar, minando por completo cualquier esfuerzo de buena fe para atender de manera significativa esta importante cuestión, lo que sería un perjuicio a las necesidades del pueblo estadounidense", le escribieron a Obama los senadores John McCain de Arizona, Lindsey Graham de Carolina del Sur y Marco Rubio de Florida.

    El presidente dijo que iba a tomar medidas para aumentar la seguridad fronteriza, mejorar el procesamiento de los que cruzan la frontera y fomentar la inmigración con permiso legal. Indicó también que iba a ofrecer a los inmigrantes que han estado sin permiso legal en Estados Unidos desde hace algún tiempo una manera de convertirse en residentes legales, pagar impuestos, pagar una multa y aprender inglés.

    El presidente había prometido actuar a mediados de este año, pero retrasó cualquier decisión hasta después de las elecciones, lo cual provocó la indignación de los grupos que defienden a los inmigrantes y las quejas de los republicanos.

    Los tres senadores dijeron en la carta que no se debe tomar ninguna acción presidencial hasta que "hayamos asegurado adecuadamente nuestra frontera sur y proporcionado una aplicación efectiva de las leyes de inmigración". Se quejaron de que cualquier medida ejecutiva socavaría los esfuerzos del Congreso para reformar el sistema.

    McCain, Graham y Rubio fueron miembros de la llamada "Grupo de los Ocho", un grupo bipartidista que presentó una amplia propuesta de reforma migratoria con el fin de incrementar la seguridad fronteriza, aumentar las visas para inmigrantes con autorización legal y proveer una vía a la naturalización para 11 millones de inmigrantes que viven sin permiso legal en Estados Unidos.

    El Senado aprobó la medida en una votación bipartidista en junio de 2013, pero la Cámara de Representantes de mayoría republicana no ha autorizado ninguna medida de envergadura a pesar de las promesas de los líderes del Partido Republicano de que iban a abordar la cuestión. El tiempo se agota para el proyecto de ley aprobado por el Senado, sin ninguna señal de que la cámara baja planee someterla a votación tras las elecciones.