Lo vi esta semana en la práctica de la selección sub 23 de los Estados Unidos, la organización que tienen para realizar sus campamentos de entrenamientos, supervisados y estructurados por Jurgen Klinsmann. Son un modelo a seguir para cualquier selección del mundo, inclusive la nuestra.
Desde ahí parte el éxito de un equipo que refleja fielmente cómo se maneja un país en el ámbito dirigencial, aquí no existen las peleas por ceder a los jugadores, ni mucho menos que el técnico se ausente por un largo periodo de tiempo, tampoco la falta de fogueos previo a un compromiso tan importante como el torneo Preolímpico. Vivir esto seria una utopía futbolística.
Por otra parte, nuestra selección espera con más ganas que preparación el arranque de la competencia para pelear uno de los dos boletos directos a Londres, sí ,es cierto, aquí no hay nada de lo antes mencionado, pero a diferencia de todos los privilegios que gozan los estadounidenses, la Azulita posee un talento natural que es raro encontrar por estos rumbos.
El organigrama para las selecciones inferiores de El Salvador es muy pobre y deficiente, pero esto no es nada nuevo, es lo que el jugador salvadoreño vive día a día y que repercute en el estado de ánimo de los aficionados que viven en carne propia los malos resultados de una selección que llega siempre a un torneo importante sin fogueos de peso.
Le pregunté a los jugadores de los Estados Unidos qué sabían de sus rivales. Me dieron referencias de Canadá y hasta del mismo Cuba, que no tiene la oportunidad de desarrollarse aun más en el deporte debido al bloqueo, pero cuando les pregunté de El Salvador, esperando escuchar la referencia de un Lester Blanco, de un Andrés Flores, nunca lo encontré; la respuesta es que no saben de ellos porque nunca realizan juegos de preparación en esta categoría; les pregunté de la mayor virtud de la Selecta, esperando escuchar el toque corto y la habilidad de sus jugadores, y me encontré con la respuesta de que El Salvador llega a improvisar a la hora de jugar un torneo y que por eso no saben qué esperar.
Sin más preguntas, me marché con la conclusión de que nuestra mejor arma para este tipo de torneos es la improvisación, ya que despistamos a cualquier rival.
En el torneo, apoyaré a mi Selección, pero si nos llegamos a quedar en el camino, no hay que pasarle factura a los muchachos que se quedaron con las ganas, señalemos sin temor a los que ven esto como un negocio, a los que cuentan el dinero sin importarle los sueños de un país entero, al enemigo número uno del aficionado salvadoreño, ustedes, los de pantalón largo, que nunca se han puesto un par de zapatos de fútbol para representar a un país, sin más que decir, esto es culpa de los dirigentes de la Federación Salvadoreña de Fútbol.
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