Jugando al fútbol con Pablo Escobar

Este es el testimonio de un famoso jugador colombiano que, un día, fue convocado por Pablo Escobar para jugar con él en la cárcel.

Jugando al fútbol con Pablo Escobar
Crédito: Shutterstock
Por Telemundo Local 21 de agosto de 2014


Oscar Pareja era, hace unos veinte años, el jugador estrella y capitán del equipo de fútbol “Independiente Medellín” cuando Pablo Escobar, el narcotraficante más importante y peligroso de la historia, lo llamó para que jugará con él un partido en la famosa cárcel donde estuvo recluido.
Todo comenzó en 1991 cuando Pareja recibió un mensaje del mafioso. Escobar quería que él y seis de sus compañeros de Independiente fueran a La Catedral, esa lujosa mansión que funcionaba como cárcel, para jugar un partido de fútbol con él.


Como no podía ser de otra manera, aceptó la invitación. Rechazarla hubiera significado una muerte violenta e inmediata. El director técnico del equipo (que se encontraba en plena temporada) canceló la práctica para poner a los jugadores al servicio de Escobar.


Llegado el día, hechos un nudo de nervios y expectativas, los jugadores llegaron a la prisión. Escobar salió del interior en pantalones jogging y jugó de mediocampista por la izquierda. La cancha estaba iluminada y en perfectas condiciones.
Junto a Pareja estaba Carlos Álvarez que, por su posición, se encontró con la responsabilidad de marcar al narcotraficante. Su situación, como es de imaginar, resultaba muy delicada: si lo hacía con demasiada suavidad, Escobar se ofendería; si lo hacía demasiado bien, se sentiría humillado.


Según afirmó Pareja en una entrevista a ESPN, el mafioso le comentó a Carlos Álvarez: "No me pegues patadas, porque si lo haces te quedarás aquí con nosotros". Había sólo un árbitro en la cancha: Pablo Escobar. Según los jugadores, la performance del preso y de los guardias era remarcable.
El partido duró una hora y media. Los profesionales ganaron, pero el partido permaneció bastante cercano en el marcador. Todo resultó bien, incluso fueron convocados una segunda vez para jugar un partido de revancha que volvieron a ganar.


El 2 de diciembre de 1993, cuando Pablo Escobar murió tras ser acribillado sobre un tejado por la Policía Nacional de Colombia, llevaba puestos, según el informe, botines de fútbol.